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MUERTE EN VENECIA , de Benjamín Britten

Disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida,

Texto y fotos: Salvador Perches Galván. 

La muerte en Venecia (Der Tod in Venedig) es una novela corta del escritor alemán Thomas Mann de 1912. La novela narra una anécdota aparentemente simple a través de sólo dos personajes que despliegan una acción mínima. Los escenarios de dicha acción se reducen, casi, a los espacios de un exclusivo hotel de veraneo veneciano y a la playa contigua a dicho hotel, lugares que se alternan en la rutinaria languidez de una estancia vacacional.

Sin embargo, el interés de la obra reside en el drama interno de su personaje principal, Gustav von Aschenbach, destacado escritor alemán de edad madura que ha llegado a Venecia buscando renovar la inspiración perdida. Ya instalado en el hotel, Aschenbach se interesa en un adolescente polaco de nombre Tadzio, dotado de una belleza extraordinaria, el cual termina convirtiéndose en objeto de silenciosa adoración para el escritor.

Se inicia entonces una minuciosa descripción del trance psicológico de Aschenbach, cuya convencional moralidad comienza a ceder bajo el empuje de una pasión prohibida: el rigor intelectual y la estoica disciplina del escritor se consumen en las llamas del amor y el respetable Aschenbach se va convirtiendo en un ser indulgente a quien el tardío amor trastorna. Sin embargo, los delirios amorosos del artista se mantienen en un plano puramente platónico, pues el temor al rechazo le impide acercarse al joven Tadzio.

Simultáneamente a esta anécdota, se suceden algunos cuadros descriptivos de la ciudad de Venecia y de sus habitantes presentados aquí y allá con trazo expresionista, perfilando los rasgos de un entorno grotesco y decadente que anticipan la fatalidad: la epidemia de peste que se cierne sigilosamente sobre la ciudad de los canales.

Las autoridades ocultan la existencia de la peste, temerosas del éxodo de los turistas. Sin embargo, los rumores acerca del mal se difunden y los extranjeros comienzan a marcharse. Aschenbach, que ha sabido de la peste, renuncia a partir para no privarse de la cercanía de Tadzio, “probablemente solo el y yo sobrevivamos”, piensa ilusionado,  cuya familia parece ignorar por completo lo que está sucediendo.

La salud de Aschenbach decae progresivamente hasta que, cuando la familia del muchacho se prepara a partir como el resto de los turistas, mientras contempla extasiado a su amado Tadzio en la playa, Aschenbach sufre un desmayo que anticipa su muerte.

La muerte en Venecia es una obra que, debido a su complejo simbolismo, genera variadas interpretaciones. Baste referir, a modo de ejemplo, la significación de Venecia, ciudad de apariencias e ilusiones románticas y, al mismo tiempo, una ciudad-despojo que puede considerarse un emblema de la decadencia que afecta al propio Aschenbach.

Hay una parte autobiográfica en esta novela, su autor, Thomas Mann, realizó un viaje a Venecia por un par de meses durante 1911.

Muerte en Venecia es una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista, Gustav von Aschenbach, quien huye de su país  y se aleja de la severidad teutona, en resumidas cuenta huye de su vida.

El título de la novela La muerte en Venecia- plantea una doble lectura: el compositor y su mundo van a morir a Venecia ¿o es la muerte de ese mundo antiguo que se hunde como la ciudad de los canales, la que lo espera?.

Es una serena y profunda reflexión sobre el final del siglo XIX (su música, su arte, sus costumbres, su política) y el advenimiento del siglo XX con una forma de vida completamente diferente y dos guerras mundiales en el horizonte.

La obra fue llevada al cine por Luchino Visconti en su película Muerte en Venecia, con una soberbia interpretación de Dirk Bogarde en el papel titular, acompañado de la androgina presencia del sueco Bjorn Andresen   como Tadzio y la espectacular y sofisticada belleza de Silvana Mangano como la madre de este último. La novela  también ha inspirado una ópera a Benjamín Britten. 

Músico precoz, el compositor y pianista británico Benjamín Britten (Lowestoft, 1913 - Aldeburg, 1976) desde su más tierna infancia se sintió atraído por la composición. Su Simple Symphony, escrita a partir de temas melódicos compuestos en aquella época, da cuenta de la originalidad y valor de esos primeros ensayos.

Estudió en el Royal College of Music de Londres y fue Frank Bridge, quien le descubrió el universo sonoro de la Segunda Escuela de Viena, uno de cuyos integrantes, Alban Berg, sería uno de sus referentes durante toda su vida.

A mediados de la década de 1930 comenzó a trabajar para el cine y la radio. En estos medios su música empezó a adquirir una fisonomía propia, basada en la síntesis personal de elementos de distinta procedencia: desde la artificiosa vocalidad de Monteverdi hasta la obsesión formal y expresiva del mencionado Berg, pasando por Puccini, Musorgski, Mahler y Purcell.

Entre 1939 y 1942 vivió  en Canadá y en Estados Unidos, donde compuso un concierto para violín (1939) y la Sinfonia da Requiem (1941). Su primera ópera, Peter Grimes (1945), basada en el texto The Borough del poeta británico George Crabbe, tuvo gran éxito.

El estreno en 1941 de la Sinfonía da Requiem marcó un punto de inflexión en su carrera: fue entonces cuando el director de orquesta Serge Koussevitzky le encargó una ópera, Peter Grimes, la cual marcaría el verdadero inicio de la carrera del músico británico como compositor. La obra fue un hito en la historia de la ópera británica, por las características complejas de su personaje protagonista, un hombre sádico y socialmente inadaptado. Britten consiguió que el público sintiera a la vez atracción y repulsión hacia el personaje de Grimes y, gracias a la excelente acogida que tuvo la partitura, sentó las bases de lo que sería la nueva ópera británica, cuyos representantes son, entre otros, Maxwell Davies, Alexander Goehr y Harrison Birtwistle.

Continuó con The Rape of Lucretia (1946); Albert Herring (1947); Billy Budd (1951), basada en la novela del escritor estadounidense Herman Melville; Gloriana (1953), compuesta para la coronación de Isabel II; Otra vuelta de tuerca (1954), sobre la novela homónima del escritor estadounidense Henry James y El sueño de una noche de verano (1960), de William Shakespeare.

Entre sus últimos trabajos operísticos están Owen Wingrave (1971), basada en una historia de Henry James y Muerte en Venecia (1973), sobre un relato del novelista alemán Thomas Mann. Britten denominó algunos de sus últimos trabajos como óperas de cámara, ya que requieren una orquesta de sólo doce miembros. También compuso otro tipo de obras en forma de cantata, las llamadas parábolas de iglesia como Noye's Fludde (1958) y El hijo pródigo (1968). El Réquiem de guerra (1962), es una impresionante obra coral que utiliza versos del poeta británico Wilfred Owen. Así mismo compuso música para teatro y películas, ciclos de canciones y música para niños, como The Young Person's Guide to the Orchestra (Guía orquestal para jóvenes, 1946). Sus obras abarcan desde la más sencilla y lírica tonalidad hasta la atonalidad más compleja y dramática. En 1947, junto al tenor británico sir Peter Pears, fundó el Festival de Aldeburgo, importante evento anual para la interpretación y enseñanza musical, en la escuela Britten-Pears. Murió el 4 de diciembre de 1976 en Aldeburgo.

Por el mismo tiempo que el afamado filmaba su adaptación cinematográfica a la novela de Mann, Benjamín Britten preparaba su adaptación para el género lírico por excelencia, la opera, con libreto de Myfanwy Piper misma que tuvo su estreno mundial el 16 de junio de 1973 en The Snape Maltings, Aldeburg, Reino Unido, bajo la dirección de Stewart Bedford, el rol protagónico de la opera, Aschenbach recayó en Meter Pears, pareja de Britten, Muerte en Venecia es la ultima obra a gran escala del compositor, quien murio tres años después de estrenarla.

Y es justamente con esta obra a gran escala que Jorge Ballina, reconocido escenógrafo mexicano, decidió debutar como director de ópera en 2009, -y que afortunadamente se repone ahora en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, luego de su breve temporada de estreno en el Teatro Julio Castillo-, aun cuando ya había incursionado en dirección en otros formatos escénicos, como el coreodrama Giselle, si es el, para esta ocasión, Ballina a conformado un talentoso equipo, como Mauricio García Lozano en la asesora actoral, Víctor Zapatero en el diseño de iluminación, Tolita y María Figueroa en el diseño de vestuario, en la coreografía Antonio Salinas, Cara Tasher como directora huésped del coro y Christopher Franklin como director concertador.

El reparto incluye a figuras de talla internacional, como Ted Schmitz en el rol titular de Aschenbach, rol que ya ha interpretado en otras producciones alrededor del mundo, a el lo acompañan en escena los cantantes mexicanos Armando Gama con nada menos que siete relevantes papeles y Santiago Cumplido como Apolo, a ellos se unen los bailarines Ignacio Pereda como el inalcanzable Tadzio y Julio Arana como Jaschiu, en el elenco resalta la muy grata reaparición sobre los escenarios de Liliana Saldaña, la inolvidable Malinche que el desaparecido Víctor Rascón Banda escribió para Johann Kresnik y que tuvo escandaloso estreno el Guanajuato en el Festival Internacional Cervantino, en esta ocasión interpreta a “la dama de las perlas”, la madre de Tadzio.

Ballina no pudo haber hecho una mejor elección para su debut como director escénico en opera, labor que comparte también con el extraordinario diseño de escenografía , gracias a esta duplicidad de funciones, el asombrado publico va del mar, al hotel Lido, pasea en góndola, asiste al teatro y a un museo, pasea en la playa, escucha misa en una iglesia, recorre los canales de la acuosa ciudad, las húmedas y enmohecidas calles de piedra, comparte el ascensor del elegante hotel luego de pasear por su lobby y espaciosos salones y terrazas.

Ballina ofrece una sublime Muerte en Venecia, con su sofisticada escenografía y inmejorable cuadro actoral, vocal y dancístico, con un impecable trazo escénico en el la ciudad cobra vida, como su acabado protagonista.

Afirma el responsable de la puesta en escena: “Esta historia no podría entenderse sin Venecia como una de sus protagonistas, nos parece esencial incluir el agua de sus canales, la roca de sus muros húmedos, la arena y el horizonte de sus playas, el cielo al fondo de sus callejones y por último, la presencia amenazante de la peste.

Muerte en Venecia está escrita como un continuo que fluye sin parar. No tiene arias o escenas con finales definidos que permitan aplaudir e interrumpir el momento dramático. Nuestro montaje quiere hacer lo mismo con la escena: me4diante una escenografía en constante transformación, buscamos un lenguaje escénico, casi cinematográfico, en el que el público sigue al protagonista por los distintos lugares de su viaje”.

Un viaje redondo es el que ofrece la Ópera de Bellas Artes, en este brillante montaje emprendido por el muy talentoso escenógrafo Jorge Ballina, que ha demostrado estar muy bien dotado para la dirección en esta puesta en escena que, efectiva e inevitablemente nos remite, por supuesto, a la novela de Thomas Mann, pero también a la magnifica versión cinematográfica de Visconti. En hora buena Jorge Ballina, y que este sea solo el inicio de una larga y productiva labor como director. 

Muerte en Venecia de: Benjamin Britten

Libreto: Myfanwy Piper, basado en la obra homónima de Thomas Mann

Director concertador: Christopher Franklin.

Director de escena: Jorge Ballina

Interpretes: Ted Schmitz, Armando Gama, Santiago Cumplido, Ignacio Pereda,  Julio Arana y Liliana Saldaña.

Las funciones se llevarán a cabo en el Teatro del Palacio de Bellas Artes los días jueves 2 y 9 de febrero a las 20:00 horas, martes 7 a las 20:00 y domingo 5 a las 17:00 horas


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