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LOS PADRES TERRIBLES, de Jean Cocteau

Ensayar un drama que sea una comedia.

Texto y fotos: Salvador Perches Galván. 

Jean Cocteau transitó  de manera relevante por las vanguardias artísticas del inicio del siglo XX en las distintas manifestaciones del arte –literatura, pintura, cine y música-, sin embargo, fue su obra literaria, que abarca tanto poesía como narrativa y teatro, la que le valió el ingreso a la Academia Francesa en 1963.

En plena madurez, en la década de 1930, Cocteau, aunque parte de sus objetivos seguían siendo impactar, cuando no escandalizar, al espectador, procuraba hacerlo revalorizando el texto, experimentando con técnicas excéntricas de la puesta en escena. Además de lograr superar lo que el autor consideraba tabúes estéticos y éticos, su teatro procuraba salvar la heterogeneidad del público mediante textos que permitiesen una lectura a diferentes niveles.

En 1938 Jean Cocteau escribió Los Padres Terribles para su amante de entonces, el actor Jean Marais, durante una prolongada sesión de opio de ocho días. El tratamiento irreverente de un tema tabú como el amor obsesivo entre una madre y su hijo, mezclándolo con convenciones y clichés del vaudeville (infidelidad, adulterio, confusión de identidades) da como resultado, una farsa feroz e hilarante, que produjo la inmediata reacción del Consejo Municipal de París que procedió a cancelarla por inmoral inmediatamente después de su estreno, ese mismo año.

Diez años después, el propio Cocteau llevó a la pantalla grande su obra teatral Les parents terribles), 1948, producción francesa con Jean Marais, Josette Day, Marcel André, Jean Cocteau y Gabrielle Dorziat.

Con Los padres terribles, el autor se propone, como lo expresan los personajes y él mismo en el prólogo de la obra: “ensayar un drama que sea una comedia, y cuyo centro sería un nudo de vodevil” para reflejar más acabadamente una “sociedad a la deriva” y, en particular, una familia contradictoria en la que sus miembros dibujen cambiantes figuras a la manera de un rompecabezas que admitiese soluciones alternativas. Cocteau retoma de la tragedia clásica, que tan bien conoce, conceptos medulares como la oposición orden/desorden para hacerlos estallar, mediante el trazo grueso e hiperbólico del vodevil. El humor negro que así se genera sirve para denunciar la hipocresía y el egoísmo que socavan los vínculos de una familia con una madre dominante que relega a su marido por amar casi incestuosamente a su hijo y una hermana –la tía Léo– rechazada y enamorada desde siempre de su cuñado. La “falsa apariencia de orden” en que viven los cuatro protagonistas se resquebraja a partir del momento en que el padre descubre que comparte la amante con su propio hijo. Léo, quien se erige en portavoz de un supuesto orden, diseña y manipula, con total conciencia, el incesante movimiento de las figuras de esa obra maestra, según ella misma califica esta situación de crecientes equívocos, que concluirá con un final trágico aunque sin justicia poética.

Los Padres Terribles es una comedia negra, salvaje e impredecible que retrata un mundo donde los adultos son como niños cometiendo terribles crímenes. La obra sacude, divierte, deleita y desorienta, contando la historia de una familia que se retuerce en la agonía de la pasión orientada hacia las personas equivocadas.

Y cuando parece que las piezas podrían encontrar su lugar, una drástica decisión deja a cada uno de los personajes enfrentado consigo mismo, y la farsa, culmina como una perversa pesadilla, con forma de comedia de boulevard.

El director de la puesta en escena, que se representa en el teatro El Galeón, José Acosta, afirma que vivimos en un momento de aceleración y de ansiedad que nos obliga a recuperar el valor de la palabra, es por ello que a invitación de Martha Papadimitriou, titular del departamento de teatro de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco, principal promotora de la producción, accedió a dirigir Los padres terribles. El montaje ofrece una invitación al público para que abra sus oídos y se sensibilice ante una historia con trasfondo trágico.

Los padres terribles deja al descubierto temas como la mentira, el egoísmo, la cobardía y la mezquindad con un lenguaje fresco, nuevo y vigente que desentraña la naturaleza humana.

Si bien el texto original de Cocteau se propone reflejar a una sociedad contradictoria en un contexto posterior a la II Guerra Mundial, se trata de un drama que profundiza en los personajes, y por lo tanto, vuelva a la pieza atemporal, rescatando el espíritu transgresor y provocador que tenía hacia la sociedad”.

Martha Papadimitriou, también actriz y productora del montaje, destacó que se trata de personajes complejos que tienen un peso importante en el desarrollo de esta historia sobre una familia disfuncional. Son cinco personajes de los cuales no se puede prescindir y si se pusieran en una balanza todos están equilibrados y eso es muy atractivo.

Con la intención de que el público se identifique con lo que sucede en escena, el montaje propone una distribución distinta de los espectadores para cada uno de los tres actos en los que se divide, el espacio, como gran metáfora espacial de la trama, se va reduciendo, tornándolo asfixiante.

En el primer acto, el público está alejado del escenario con una propuesta a la italiana. En el segundo, espectadores y actores están más cerca, con las butacas enfrentadas, tipo estadio colocadas a un costado de la acción teatral. Y para el tercero, el espacio se cerrará con la distribución de las butacas en cada una de las cuatro esquinas del muy reducido escenario.

El montaje es una coproducción entre la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, La Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco, Tinitus Arte Contemporáneo, A.C., la Alianza Francesa de México y El Comité Jean Cocteau.

En Los padres terribles, se puede observar como los pliegues y repliegues del alma humana y lo que las palabras intentan ocultar, se manifiestan a través de los cuerpos. Los cuerpos se convierten en transmisores inequívocos de lo que les pasa a cada uno de los componentes de esta tragedia, presentada por el genio de Cocteau, como vaudeville.

Así se entiende el desgarramiento de Ivonne (la virtuosa Marta Papadimitriou) al perder en manos de la dulce y sensual Madeleine (Paulina Treviño) a su amado hijo Michel (Juan Cabello), que a su vez ve desmoronada su vida cuando se entera que su padre, Georges, (excelente Roberto Ríos “Raki”) mantenía una tórrida relación con la mujer de sus sueños. Por supuesto que alguien compondrá estos entuertos y en este caso será la calculadora y sufrida Léo, hermana de Ivonne, Verónica Terán, magistral balance de toda la desmesura.

Los excelentes diseños de escenografía, iluminación y montaje visual de Alejandro García Contreras, Marcos Castro Zimbrón y en propio Acosta, juegan con el concepto de la apariencia: lo que se muestra sólido se vuelve volátil y lo oscuro se torna luminoso. Gracias a esta vigorosa puesta de José Acosta, en un muy plausible retorno a la escena mexicana, Los padres terribles sigue levantando ámpula, como hace 74 años, que, luego de su estreno fue censurada por el Consejo Municipal de París. 

El teatro es de todos. ¡Asista! 

Notable obra en todos y cada uno de sus registros, absolutamente recomendable  

Los Padres Terribles De: Jean Cocteau.

Dirección: José Acosta.

Actuación: Martha Papadimitriou, Roberto Ríos “Raki”, Verónica Terán, Paulina Treviño y Juan Cabello,.

Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque ubicado a espaldas del Auditorio Nacional. Reforma y Campo Marte S/N

Metro Auditorio

Jueves y viernes, 20:00, sábados, 19:00 y domingos, 18:00 hrs. 
Localidades: $150. Estudiantes, maestros, INAPAM, tarjetas Maestros a la Cultura y Sépalo 50% de descuento y como parte del programa “Los jueves al teatro” la entrada es de 30 pesos 


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